Una
pasión desordena
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Estela recita un poema en un plano casi americano y frontal. ¿Lo dice
a la cámara? El contraplano lo aclara: canjea su interpretación por comida a
un grupo de pescadores que la observan desde una barca. También permite
entender que el encuadre anterior estaba realizado desde el bote, quizás era
una subjetiva de alguno de los trabajadores. Este interrogante que se
responde a través del montaje es un ejemplo de la estrategia narrativa a la
que permanentemente recurre Sotto Díaz en este su tercer largometraje. Lo
interesante es que siempre está operando en dos niveles: el de la historia
(¿a quién se dirige Estela?) y el del discurso (¿cuál es el punto de vista
elegido para la cámara?). Y que, además, no siempre se decide por la sutura
tranquilizadora, dejando algunas inquietantes heridas abiertas en la
imprevisible piel de su relato, tal como sucede en el ambiguo final. |
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sábado, 7 de junio de 2014
Amor vertical, de A. Sotto Díaz
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