¿Qué
hacemos los espectadores?
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(Capriccio all’italiana, largometraje estrenado en Roma el 13 de
abril de 1968 y que nunca accedió a las salas cinematográficas argentinas,
está integrado por seis episodios: dos firmados por Mauro Bolognini y los
cuatro restantes por Mario Monicelli, Pier Paolo Pasolini, Franco Rossi y
Pino Zac y Steno. Una oportuna iniciativa de Cine Club Rosario y del
Consulado General de Italia en esa ciudad rescató, como parte de un plan de
difusión de la cultura italiana, la participación de Pasolini, llamada Che
cosa sono le nuvole?, la subtituló en castellano y la editó en formato VHS.
Puede accederse a ella en las videotecas de la embajada italiana o de los consulados
que representan a dicho país en las provincias argentinas). |
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viernes, 6 de junio de 2014
¿Qué son las nubes?, de P. P. Pasolini
La Orestíada africana, de P. P. Pasolini
Lo
viejo y lo nuevo
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Apenas iniciada la película, cuyo primer plano después de los títulos
de crédito es el rostro de Pier Paolo Pasolini reflejado en una vidriera de
un país africano, su voz over nos dice: “Evidentemente vine a filmar. ¿Filmar
qué? No un documental ni un film. Vine a filmar anotaciones para una película
que será Orestíada africana”. Si entendemos, lo que parece razonable, que
cuando dice film el referente es el cine de ficción, lo que el autor está
enunciando, casi a la manera de un prólogo y con su rostro como firma, es el
carácter inclasificable, al menos dentro de lo que dictamina el canon que se
predica desde las escuelas de cine, de este trabajo. Más allá de que
bastantes planos registran situaciones que igualmente se hubieran producido
de no estar allí la cámara para captarlas –lo que podría marcarlos como
pertenecientes al documental–, su articulación y, sobre todo, la permanente
voz del cineasta, que tan pronto los comenta como los metaforiza a través del
roce con el discurso verbal, los contamina, provocando su ficcionalización.
Pero tampoco podemos decir que estamos frente a un film de ficción en la
medida en que aquellas situaciones, al menos en la dirección que señala el
corazón de la industria, son siempre narrativas, es decir construyen
personajes, sucesos, transformaciones y cierres de diverso tipo, que apuntan
a resolver de alguna manera los conflictos planteados. Más bien podría
pensarse que de La Orestíada africana, engañoso título de la edición
argentina en video que elimina la palabra apuntes, o la palabra anotaciones,
que está en el original, se podría decir que es un ensayo, extrapolando el
término de la literatura, donde se presentan las ideas de un autor sobre uno
o varios temas. Es la concreción de uno de los sueños, irrealizados, de
Serguei Eisenstein, pasible de ser ubicado, si hiciera falta, junto a, entre
otras pero no tantas, Histoire(s) du cinéma (Jean-Luc Godard, 1988-1998) , Tren de sombras
(José Luis Guerín, 1997) y Sin sol
(Chris Marker, 1982), films todos que, pese a las innumerables –e
irreductibles– diferencias que los separan, tienen en común el proponer una
primera persona, que remite al autor del film, reflexionando sobre uno o
varios temas sin recurrir a la narración, al menos tal como se la entiende
comúnmente. |
martes, 13 de mayo de 2014
Una temporada en nuestro infierno (Salò, de Pasolini)
En
un reportaje concedido el 24 de agosto de 1975 al crítico cinematográfico
italiano Gian Luigi Rondi, Pier
Paolo Pasolini, 66 días antes de su asesinato, habla de éste, el que
sería su último largometraje y, entre otras cosas, dice: "Este es el film
de la adaptación. He
terminado olvidando cómo era Italia hasta hace una década o menos y, como no
tengo otra alternativa que el exilio o el suicidio, he terminado aceptando a
Italia tal cual es ahora. Un inmenso pozo de serpientes donde, salvo alguna
excepción y algunas míseras élites, todo es serpientes, estúpidas y
feroces, indiferenciables, ambiguas, desagradables (...)". Puesto a
explicar las modificaciones producidas en el seno de la vida italiana, las
atribuye a una misma matriz: "(...) el cambio de naturaleza del poder
económico". Es decir aquello que nosotros hoy llamamos capitalismo tardío
o global, una de cuyas manifestaciones es la sangrienta guerra que hoy nos
atraviesa.
lunes, 12 de mayo de 2014
Pier Paolo Pasolini, crítico cinematográfico.
“El
escándalo de contradecirme, del estar / contigo y contra ti; contigo en la luz,
/ contra ti en las oscuras entrañas.” Del
poema de PPP, Las cenizas de Gramsci, que forma parte del libro homónimo
publicado en 1957.
“Practicar
la crítica, aunque no sea en un lugar precisamente crítico, como puede ser la
recensión de una película en un semanario, es siempre una operación compleja,
aunque luego allí se simplifique, aunque luego allí se convierta en una
menudencia. Implica siempre esta crítica, por parte de quien emite un juicio,
un completo sistema ideológico, sea éste consciente y racional, o inconsciente
o intuitivo. La mayor parte de aquellos a los que podría llamar como neocolegas
pertenecen al segundo tipo del sistema ideológico. Viven precisamente en el
centro real del mundo que produce los
titulares de lo que escriben y aceptan además las instituciones, y como muchos
operan en la superestructura, en una especie de oposición
moralístico-estética”. PPP iniciando su
crítica de Pillow talk (Michael
Gordon, EEUU, 1959), titulada “La cama calla”, y publicada el 2 de febrero de
1960 en el semanario Il Reporter.
Casi todos
los grandes autores de esa parte de la producción cinematográfica occidental a
la que alguno designan como “cine moderno” –que iría (ya se sabe de la
labilidad de estas periodizaciones) desde Roma,
città aperta a Salò o le 120 giornate
di Sodoma, según algunos o, según otros, hasta el Hitler de Hans-Jürgen Syberberg-, al lado de su obra estrictamente
fílmica, también han tenido la necesidad e escribir sobre cine: haciendo
críticas en algún momentos de su trayectoria, reflexionando sobre su poética,
llegando, en unos pocos casos, a intentar la teoría. Un hombre atravesado por
tan múltiples, y articulados, intereses como fue Pasolini –como es, porque su producción sigue exudando la misma vitalidad de
siempre y dando testimonio de él- también frecuentó, intermitentemente y de
manera poco abundante, la crítica cinematográfica. Discurrir alrededor de ciertas
marcas de algunos de sus trabajos en ese campo es lo que me propongo.
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