Acrobacias
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Tyler Yim, un joven de veintiún años que sueña con irse de Hong Kong,
trabaja, con el propósito de juntar dinero para poder viajar, para el Tío Ji
integrando un peculiar grupo abocado a tareas de seguridad. Un día, al
terminar un trabajo en un aeropuerto, encuentra un folleto turístico de una
playa llamada Aracaju, “en Sudamérica” dice su voice over, que se le aparece
como un espacio donde la vida es fácil y el tiempo siempre bueno. Por un
violento corte directo el espectador se enfrenta a una calle oscura, barrida
por el viento, por la que avanza un camión militar, donde, en castellano
desde la banda sonora, una voz anuncia un mal parte meteorológico. Es muy
difícil, al menos en una primera visión, eludir el desconcierto que provoca
el salto. ¿Adónde se ha trasladado la acción? ¿Qué conexión existe entre lo
visto hasta ahora y este nuevo escenario que implica, posiblemente, otro
continente, otro país y otro idioma? Los planos que siguen, que narran un
violento enfrentamiento armado por una importante suma de dinero, permiten
sospechar, por el acento de las voces, que estamos en un México, lo que se
confirmará más adelante, diseñado por un director artístico al despertar de
una pesadilla, después de haber visto, uno tras otro, los admirables
melodramas que Don Luis Buñuel realizara en ese país. La duda planteada por
la segunda pregunta subsistirá todavía durante un tiempo de metraje. |
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sábado, 7 de junio de 2014
Contra la corriente, de T. Hark
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