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jueves, 5 de junio de 2014

Party, de M. de Oliveira



La forma es el tema


Dos amantes maduros (Irene y Michel) concurren a la celebración de los diez años de casados de Leonor y Rogerio. Algo del orden de lo amoroso estalla entre la mujer más joven y el hombre de más edad, antes de que un fuerte viento provoque una apresurada conclusión para la fiesta. Cinco años más tarde, en una noche donde llueve copiosamente, vuelven a encontrarse, los segundos invitan a cenar a los primeros, y la atracción revive, poniendo en peligro la estabilidad de ambas parejas. Situaciones que están ya resumidas en el cartel inicial, letras blancas sobre fondo negro, colocado después de los créditos de productor y autoría, que traduce, en portugués una canción dialógica, quizá la musicalización de un poema, cantada en griego desde la banda sonora que, de acuerdo a los subtítulos, dice: “Ya lo he dicho y lo digo otra vez/ en la orilla del mar hay que tener cuidado, en la orilla del mar revuelto, las olas/ van a atraparte y te perderás./Si me atrapan, ¿dónde me llevarían?/A las profundidades del mar./ Haré de mi cuerpo un barco/ y remos de mis manos”.


miércoles, 4 de junio de 2014

La Carta, de M. de Oliveira



El roce de dos mundos


El matrimonio Da Silva visita en París al matrimonio Clèves. En el departamento de estos últimos, los cuatro están viendo un noticiero televisivo donde se habla de la situación de los niños en algunos convulsionados países africanos. Mientras, los personajes intercambian ideas acerca del estado del mundo. La cámara está situada detrás del televisor, impidiendo así que registre cualquier imagen de la emisión de la que sí se oye la voz del relator. La evidente elección que pone de manifiesto ese punto de cámara es toda una toma de posición dentro del cine contemporáneo. No es la única que prodiga La carta donde también, a la manera del Modo de Representación Institucional no parlante, abundan tanto los carteles suprimiendo tramos inútiles de la diégesis, como los encuadres registrados con cámara inmóvil, o la imponente presencia del fuera de campo. El raccord de mirada es el procedimiento privilegiado para suturar los planos dejando afuera todo aquello que no sea esencial para los fines del relato. Los demorados primeros planos acechan a los rostros atisbando sus temblores mientras sus voces dicen los largos y musicales parlamentos.


Un filme falado, de M. de Oliveira



La cólera del artista anciano

In memoriam “Michi” Panero.


Como si siguieran el camino por el que, en el siglo XV, el portugués Vasco da Gama se convirtió en el primer europeo que llegó a la India por la ruta que rodea a África, una madre y su hija viajan por mar para encontrarse con el hombre que es esposo y padre de cada una de ellas, respectivamente, un piloto de aviones que las aguarda en Bombay. Rosa María, profesora universitaria de Historia, y Maria Joana, de siete años de edad, van visitando, en su marcha, los puertos por donde se estableció la civilización en el Mediterráneo. Partiendo de Lisboa, recorren Ceuta, Marsella, Pompeya, la Acrópolis de Atenas, la incandescente Estambul, Giza en Egipto y Aden. Maria Joana quiere saber todo, no cesa de preguntar a Rosa María: ¿Qué significa “mito”? ¿Y “leyenda”? ¿Quiénes son los árabes? ¿Qué son los ortodoxos? Tales son algunos de los numerosos interrogantes a los que somete a su madre que, siempre, tiene la respuesta precisa. Es la primera vez, dice, que se encuentra frente a los lugares que fueron objeto de su estudio.