Otra
abeja reina
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El raccord de mirada –ojos que ven, corte,
aquello que es mirado, o viceversa–, uno de los procedimientos de
articulación emblemáticos del cine clásico estadounidense, sutura el encastre
de los planos y elimina el fuera de campo. Angelopoulos abomina de él:
directamente no lo usa, indicando así su oposición frontal al cine pensado
desde la industria. Generalmente esa negación funciona de manera muy eficaz.
Vamos a un ejemplo. Spyros, el protagonista, comparte una habitación de hotel
con una joven que ha encontrado en el camino, o, quizás mejor, que lo ha
encontrado. Ella introduce en el cuarto a un joven que dice haber hallado por
casualidad y que, de acuerdo a sus palabras, es un amigo de la infancia. Más
adelante en la noche los jóvenes hacen el amor. Spyros despierta y mira fuera
de campo: cabe imaginar, porque no nos es mostrado, que aquello que ve, por
la disposición del espacio, es a la pareja. Pero ella, mientras es penetrada,
también lanza diversas miradas fuera de campo. ¿Alguna de entre ellas
coincide con la de Spyros? Vaya uno a saber, lo que por cierto agrega
densidad al discurso al disponer una zona de incertidumbre. |
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martes, 3 de junio de 2014
El apicultor, de Theo Angelopoulos
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