Elogio del bribón
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La
apreciación de la compleja filmografía de Orson Welles, parcialmente
desconocida si consideramos la falta de circulación, debida a problemas entre
sus herederos, de sus varias obras incompletas, suele reposar sobre un
notorio malentendido: la consideración de que su primer largometraje, El
ciudadano, es "la mejor película de la historia del cine",
afirmación que se viene reiterando, de manera ya mecánica, y, por lo tanto,
vaciada de toda elaboración, desde hace muchos años, como lo señala,
arriesgadamente, Miguel Marías en la página 196 del número 23 de la revista
española Nickel Odeon. Desde esa posición todas sus películas posteriores, se
piense lo que se piense sobre ellas, no serían más que constataciones de una
decadencia irremediable y, por qué no, merecida por haber querido desafiar a
la industria cinematográfica estadounidense (a la que Welles siempre quiso
regresar) y a William Randolph Hearst, tal como lo piensan los integrantes de
la "colonia artística", como lo demuestra el telefilm RKO
281, y sus serviles voceros en la llamada prensa cinematográfica. |
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martes, 3 de junio de 2014
Falstaff (Campanadas a medianoche), de O. Welles.
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