DEL HUMOR EN EL CINE EUROPEO (otra
mirada sobre lo cotidiano)
Ciclo-taller a cargo del Prof. Emilio
Toibero a realizarse en el Centro Cultural Parque de España en el mes de
febrero de 1997.
El humor es,
quizás, una manera de ver y sentir las cosas. Un movimiento que desmarca y
permite ver usos y costumbres, desde fuera de su territorio.
Crea un
espacio, excéntrico y equívoco, más reflexivo que ingenuo, donde se procede por
disonancias y anomalías, para llegar a una risa amarga, o a una congoja
irónica, de la que no están excluida la ternura y la comprensión hacia aquello
y aquellos sobre los que se ha ejercido.
En la
edición de 1912 del Diccionario Enciclopédico Hispanoamericano de Literatura,
Ciencias y Artes ya se afirma: “El humor es un matiz del talento irreductible a
concepto”.
En el cine,
¿aparece en los films cómicos y en las comedias? No necesariamente. Se lo puede
encontrar a lo largo de la admirable filmografía de Buster Keaton y no hallarlo
en ninguna de las recientes películas protagonizadas por Jim Carrey. Sin
embargo, cómo resplandece en un “drama histórico” de Staney Kubrik: “Barry
Lyndon” (1975), donde un relator ‘over’, tras casi tres horas de dramáticas
vicisitudes, declara: “Durante el reinado de Jorge III convivieron y alteraron
buenos y malos, guapos y feos, ricos y pobres: ahora son todos guales”.
Podría
pensarse que el humor –hoy utilizado por cineastas tan disímiles como Jean-Luc
Godard, Emir Kusturica o Martí Rejtman- propone otros ordenamientos, borra las
clasificaciones por género, los contamina. Los títulos que lo practican parecen
resistirse a ser domesticados, nunca encuentran un lugar adecuado en las
estanterías de los video clubes (esto ocurre con los tres títulos de este ciclo
que han sido editados en Argentina: el de Tati, por sus 44 años, es
inexorablemente remitido a “clásicos” y los de Moretti y Leigh recalan en
“comedia”, pese a carecer de las marcas que permitirían rotularlos como tales).
Porque el
humor subvierte, coloca al espectador en un lugar ajeno a la costumbre. Y la
carcajada que puede provocar es sólo el disparador de un interrogante: ¿de qué
me estoy riendo?
A lo largo
de este ciclo nos enfrentaremos a diversas maneras de utilizar el humor, y
también, a aquellos procedimientos de puesta en escena, puesta en cuadro y
puesta en serie que lo permiten. Para investigarlos seleccionamos cuatro
largometrajes sonoros de los países europeos cuya producción llega, mejor dicho
llegaba, con mayor regularidad a las salas de cine.
Más allá de
sus diferencias estos cuatro filmes se encuentran en arrojar otra, inhabitual,
mirada sobre ámbitos cotidianos, próximos al espectador o, al menos, al
espectador de Occidente. Demuestran que cualquier manifestación de la realidad,
cualquiera de sus caras, es restituida por el cine de acuerdo al lugar donde
(por elección o por un imposición) se coloca el cineasta. Y que ese lugar que
ocupa, lo revela.
¿Acaso
“Locas margaritas” (1966), de Vera Chitylová, y “La carnada” (1995), de
Bertrand Travernier, no trabajan con imágenes el mismo tema?
Emilio Toibero-Enero
de 1997

